08/02/2007

Breves historias anónimas de un verano sin vacaciones.

Las bombas terminaron ayer por la mañana. Sin embargo, el desolado barrio de Dahiya, al sur de Beirouth, ya respira vida y jaleo por todas sus calles.
Durante el camino me cruzo con muchos niños que revolotean arriba y abajo con sus carteras y libretas de estreno, lustrosos y bien peinados. y una joven madre chií
me dice que las treinta ´madrasas´ han sido destruídas.
Al llegar a un enorme solar uno de los pequeños sonríe y me dice en árabe al oído.... -aquí estaba mi cole -hoy tenemos fiesta, y me mira entre travieso y avergonzado por el
pecado que le guardo en secreto.
Este fue un año sin vacaciones de verano para todos los niños de Líbano. También de miedo y de huída en busca de refugio porque si algo se pasa en una guerra es miedo, sobretodo
si eres pequeño y no entiendes nada de nada.
Durante los 30 días de bombardeos unos 200 menores de 12 años fueron asesinados en este suburbio, casi el 80 por ciento de los edificios y otras infraestructuras destruídos.
Curiosamente esta vez ni tan sólo hubo una declaración de guerra.El resto de la ciudad no sufrió ni un rasguño.


Un hombre pesca al amanecer en la playa de Beirouth. La marea ya se extiende y mancha de negro y envenena el litoral.

Un anciano camina solitario por la carretera en dirección a Beirouth mientras cientos de refugiados libaneses se dirigen a Damasco huyendo de los bombardeos.

Abraza con mucho cuidado una bolsa de plástico y sube recto por medio de la calzada con la mirada fija en el infinito.